A veces, la rabia no es más que una forma desesperada de pedir refugio. Recuerdo a Laura, una adolescente de diecisiete años que llegó al centro con la mirada rota y los hombros siempre en guardia. La recibí la noche en que llegó acompañada por agentes de policía. Apenas hablaba. Caminaba con esa mezcla de Seguir leyendo →

